Un paseo accidentado (Viaje a Colonia – 2da. Parte)

Posted: agosto 28, 2008 in Paseos
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Al día siguiente de la odisea de la fiesta de casamiento en Juan Lacaze, mis amigos y yo, decidimos darnos un paseíto por la ciudad de Colonia y su barrio histórico.

El día pintaba lindo, cielo despejado con pocas nubes aunque bastante frío.

 

 

Después de andar varios kilómetros en el Fiat 0 km., a la entrada de la ciudad dejamos al “Mono” en una reunión que tenía y me pasaron la posta de la conducción a mí, ya que Rebeca no tenía aún libreta de conducir. Imagínenme manejando dentro de una ciudad que casi no conozco con un auto 0 km. Yo, que lo máximo fue mi Fiat 147 del ‘82.

 

Arranqué despacio, con miedito, hasta que le tomé cariño al coche y el a mi también y se rindió a mis pies… porque el que aceleraba era yo, claro.

 

El primer objetivo fue la Plaza de Toros. Le dimos la vueltita alrededor y paramos a un costado. Un tejido separaba a los visitantes del monumento histórico en derrumbe. Carteles contra el alambre con la leyenda “PROHIBÍDO PASAR” y “PELIGRO DERRUMBE”. Pero como buen periodista, no me iba a amedrentar… mi amiga me dice “quedáte tranquilo, en el tejido hay un agujero bastante grande por donde pasa todo el mundo”.

 

Apronté mi cámara fotográfica y arrancamos. Efectivamente un gran boquete abierto en el tejido metálico era el acceso perfecto. Pasó Rebeca agachándose un poco y luego le pasé la cámara para introducirme más cómodo. Mientras iba pasando sentí un tirón, pero no le dí importancia y continué. Escuché un sonido a “rasgadura” y casi por instinto miré a mi amiga que se tapó la boca. Estaba tan agachado que incliné mi cabeza y miré entre mis piernas viendo que algo me colgaba por detrás, aunque no podía divisar muy bien que era. Estaba enganchado en el tejido y aunque quería y me esforzaba por salir no podía. Le pedí auxilio a mi amiga que intentó desprenderme a la vez que tironeaba de mi brazo y dos pibes que estaban del lado de afuera se apoyaron en mis nalgas (estaban de vivos, me metieron cada manazo terrible)… hasta que empujaron tan fuerte que sentí que algo se rasgó mal y me entró vientito por la parte trasera.

 

Sentí risas detrás de mí. Los adolescentes se mataban a carcajadas. Me dí vuelta y le pregunté a Rebe si se me había roto algo… no respondió. No emitió sonido por un rato.

 

“¡Habláme Rebe!” le rogué. Mientras veía irse a carcajada limpia a los púberes, Rebeca balbuceó algo al principio, hasta que acomodó la voz y me dice:

 

  • - “Se te… descosió la costura del pantalón… en el medio… desde la cintura … hasta… hasta… tu entrepierna…”

 

Yo me quería morir estaba con el calzoncillo al aire… le pregunté “¿se nota mucho?”

 

  • - “… bueno, es que no solo se rompió el pantalón” -agregó-.

 

Quedamos en silencio mientras intentaba cubrirme la parte baja de la espalda del vientito frío que le llegaba. El boxer también se había rajado y se me veía la raya… totalmente.

 

Rebeca me prestó un alfiler de gancho que tenía y lo amarré a ambos extremos en la parte de la cintura y me saqué el abrigo que llevaba puesto y me lo até a la cintura intentando disimular la rasgadura.

 

Seguimos camino, noté que aunque se esforzaba por no hacerlo, mi amiga relojeaba de vez en cuando a ver si se me veía algo, pero surtió efecto el arreglo momentáneo porque no se escabullía nada. Eso sí, el frío lo seguía sintiendo.

 

Pasaron unos infantes jugando con una onda (gomera) pegándole a todo tipo de cosas.

 

El lugar era un verdadero peligro. Todo lo que los chicos golpeaban se caía literalmente. Trozos de piedra y metal iban cayendo alrededor nuestro. Sacamos fotos a lo que pudimos hasta salir a la parte central. Pegamos unos gritos en el centro para sentir la acústica de aquel lugar antíguo.

 

Desde el centro, se veía como un campo de juego lleno de césped bien cortadito y las gradas se veían recortadas de a partes por los derrumbes, y la parte más alta delineaba el sol cayendo al fondo.

 

Las paredes con dibujos que parecían antiguos pero que más bien eran hechos por habitantes más actuales y adolescentes haciendo sus travesuras o por algún conglomerado de artistas.

 

Comenzó a caer más gente. Parecían extranjeros por su forma de vestir y hablar. Rebeca me dice “éstos son turistas”… un grupito lo identifiqué al toque “Porteños” (argentinos de Buenos Aires) le dije y la respuesta con un solo movimiento de cabeza fue positiva.

 

Detrás, una parejita muy rubia y de tez blanca… parecían escandinavos, noruegos quizás… de remera corta, shorts y descalzos supuse que el frío que me helaba el culo, para ellos, acostumbrados a las terribles heladas, era como una pequeña brisa fresca. Yo estaba erizado.

 

Se acercan y nos preguntan “Quiusmi Mister”… ahí entendí que el inglés que aprendí en la secundaria de algo iba a servir. Comprendí rápido que el tipo se estaba disculpando por una pregunta que me iba a hacer… igual se las ingenió para probar su estupendo español “Escupa me Siñor”… me dice…  me sonreí y le dejé continuar…

 

Ahí me largó una película yanqui… “Iu it nau in dat ier de Coliseo guas constructt?” (You it knows in that year the Coliseo was constructed?)… no entendí nada… miré a mi amiga que también me miró con cara de sorpresa… lo miramos y se dieron cuenta que no habíamos entendido nada… así que intentaron una vez más explicarnos… “¿Sabe Usted in cue anio construido Coliseo?”… ahí caímos que lo que consultaban era en que año había sido construída la Plaza de Toros.  No teníamos ni idea. Rebeca vio mi cara de desconcierto y mi titubeo. Se dio cuenta que no quería quedar como un ignorante e inventó una respuesta directa “1900″… dijo… ellos no entendieron así que se los escribió en un papel con números, agradecieron y se fueron supercontentos los noruegos. La miro y le digo “¡ah pero como sabés de historia!” y se empieza a reír. Me dice “no tengo ni idea de cuando se construyó, ¿pero viste lo contentos que se fueron? jajaja”.

 

Nos tentamos un rato y luego seguimos sacando fotos. Siguieron cayendo extranjeros, un grupito de jóvenes hablando inglés aunque no pude identificar de donde venían.

 

Aproveché la falsa panorámica que me mandé para sacarles algunas fotos a las chicas de improviso.

 

Se me ocurrió subirme hasta lo más alto para sacar mejores fotos y de paso acercarme más a algunas chicas que se habían arriesgado a subir a esas alturas donde estaba lleno de carteles de no pasar. Me hice el canchero y subí… y seguí subiendo.

 

En una de las gradas había terrible boquete en el piso, así que pegué un salto para pasarla y fue un groso error. El piso desapareció debajo de mí y me hundí al vacío. Quedé colgado del bolso de mi cámara que quedó trabado en la estructura metálica. Miro hacia abajo y veo mi abrigo en el piso… o sea, andaba otra vez con el culo al aire. Y peor aún, con el tremendo ruido que armé apareció corriendo Rebeca que me había visto desaparecer de las alturas, y detrás de ella todo el turismo internacional. No tenía ni una mano libre para poder taparme, en una sostenía la cámara y con la otra me sostenía de mi bolso.

 

Escuché risas a las que no presté atención, más un par de frases en inglés que ni entendí. Y no tuvieron mejor idea que llamar a los bomberos para rescatarme… aparecieron con la sirena prendida en 2 coches de bomberos, se bajaron como 20 tipos… y atrás… las cámaras de la televisión local. Mi culo se paseo por todos los televisores de Colonia. La gente conocía más mis nalgas que mi cara.

 

Me bajaron de allí, traté de taparme la cara pero igual salí estampado en la TV. A los 5 segundos empecé a recibir mensajes y llamados en el celular de mi familia y amigos que me preguntaban si estaba bien, que me vieron en la TV porque salí en todo el país en vivo vía satélite en el noticiero central y al que le metieron un cartelón que decía “DESNUDO ACCIDENTADO EN PLAZA DE TOROS”… apagué el celular y nos fuimos después de dar las explicaciones a las autoridades. Un papelón.

 

En el auto, por suerte, tenía una muda de ropa, así que me cambié y también me metí una bufanda para que no me reconocieran en la calle.

 

Ya más tranquilo paseamos por el barrio histórico. Calles empedradas, antiguas casonas y callejuelas que ahora ocupaban restaurantes,estudios de arte y casas de antigüedades. Sacamos muchas y buenas fotos.

 

Sobre la rambla, frente al Río, había un par de peruanos o bolivianos (no los pude identificar pues el acento me sonó muy parecido) tocando con flautas y quenas.

 

Vendían sus propios CDs con su música. Se me avalanzó uno y me encaró haciéndome el “speech” (discurso) de venta. Por un instante, recordé que mi madre hacía tiempo que me decía que le gustaba esa música porque la relajaba para dormir. Le pregunté el precio, me dijo “$ 100″ y me pareció tan barato que ni lo dudé y lo compré.

 

Seguimos el paseo. Después de recorridas por la rambla y la zona del centro a pié se hizo de noche y decidimos volver para levantar al “Mono” en el camino.

 

Ya de regreso, en la ruta, Rebequita me dice “¿probaste el CD antes de comprarlo?”. “No”, le respondo y el “Mono” me dice “Tendrías que haberlo probado mirá si no tiene nada grabado o se escucha mal”… “en casa lo probamos en el equipo de audio porque estoy sin audio en el auto”… El resto del viaje me fui callado pensando que siempre en todos mis viajes me pasa de todo, que no pego una, para al final terminar mis pensamientos en solitario concluyendo que el idiota era yo, porque todo me pasaba por torpe nomás.

 

Al llegar, lo primero fue probar el CD y lo que se esperaba… nada se escuchaba… Rebeca me indica que lo pruebe en la compactera de su PC, porque a veces le falla el equipo. Probamos en la PC, tampoco se podía escuchar.

 

Maldije mal a los bolivianos  y a los peruanos (aunque tengo una amiga peruana -lo siento Vane-).

 

Rebeca me dijo: “Esta noche me lo llevo al hospital y me fijo en un radio con CD que tenemos allá a ver si funciona…”. Rebeca es enfermera en un hospital de la ciudad de Rosario.

 

Al otro día me comenta: “Lo probé y se escucha perfecto, está buenísimo, así que regaláselo a tu madre nomás… eso sí, antes te tengo que contar una anécdota…”

 

Abrí los oídos mientras ella continuó: “… estabamos con un hombre mayor enfermo en la sala, había mejorado su estado en los últimos días… pusimos el cd con el volumen apenas imperceptible para que relajara a los pacientes y algunos se durmieron pero este hombre se nos fue…”

 

Ignorante yo pregunté… “¿cómo que se fue?… ¿se mejoró y se fue?”. Inmediatamente me responde: “No, boludo!, empeoró y se fue al otro lado, pasó a mejor vida… con tu música”. Hasta la música estaba maldita… evidentemente era algo que al regalarlo, yo que no soy muy supersticioso, tuve que ocultar… sino mi madre se iba a deprimir mal… igual cuando se lo llevé de vez en cuando pasaba por la puerta de su habitación y la veía de reojo mientras escuchaba el cd hasta que terminó de reproducirse y la escuché roncar desde el living… ahí me quedé tranquilo… era la primera vez que su ronquido no me molestaba…

 

Comentarios
  1. Anónimo dice:

    buenisimo ale!!!!!!!!! jajajajaja besos, sabaleros

  2. Analía dice:

    Espectacular!!! Como Lacazina me encantó leer tu historia. Diferente a muchas, pero tan parecidas a las de mi pueblo. Gracias por compartirla y traer un poco de risas.

  3. max dice:

    ja muy bien te pasaste

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