Día de Entrenamiento

Posted: julio 8, 2008 in Deportes
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Habiendo mantenido una forma poco estilizada durante años, acumulando adiposidades varias con retención de líquidos incluída (cerveza y otros alcoholes), me decidí un día a dejar las dietas superfluas que siempre arranco y nunca termino y los ejercicios vagos e inconclusos que me auto-imponía… me anoté en un gimnasio.

 

Mi idea original era bajar de peso y a la vez que al hacerlo no quedaran esos  colgajos que siempre están prendidos a nosotros como si fueran un accesorio de nuestra vestimenta.

 

Después de haber dicho unas 50 veces que iba a averiguar en un gimnasio cerca de casa (cosa que nunca hice), me decidí por fin al volver de mi trabajo pasar por el mostrador a preguntar.

 

Miré a través del vidrio y vi unos cuantos aparatos que me hicieron acordar a La Guerra De Las Galaxias o a los dibujitos animados Transformers de mi infancia… y no sabía en que momento iba a suceder pero sabía que esos aparatos se iban a rearmar como robots para cazarme de mis flotadores alrededor de mi cintura y desparramar mis carnes por todo el lugar.

 

Subidos a ellos como si fueran dignos caballeros de la época medieval los gimnastas cabalgaban como jinetes expertos.

 

Detrás del mostrador, un tipo medio grande y veterano, unos 50 años aproximadamente, levantó la vista con cara de pocos amigos y me hizo un gesto con la cabeza como preguntándome que miércoles quería… sin emitir palabra alguna…

 

-          Hola, ¿quería informarme un poco sobre el gimnasio?

-          Si ya… -me contestó y siguió escribiendo en una hojita-

 

Quedé parado ahí alrededor de 15 minutos, el tipo seguía en lo suyo y yo mirando el techo, apartándome cada vez que entraba o salía un usuario del gimnasio.

 

Y claro, es que a los que la naturaleza agració con un físico estéticamente correcto o que con mucho esfuerzo de gimnasia por años y/o de anabólicos por unos meses el resto de los mortales (dícese de los gorditos y flaquitos) somos una especie de engendros que hay que erradicar.

 

Allá a lo lejos, en medio de todos los tipos musculosos aparece una mujer de alrededor de 50 años también, que al verme se acercó al hombre del mostrador y éste le indicó que yo quería información.

 

La mujer sacó un folleto explicando los servicios del gym y me anotó el precio de la cuota mensual, me dijo además, que tenía lockers para guardar bultos (no piensen mal estamos hablando de bolsos), duchas, y me dijo el horario en el que estaba abierto dándome a elección cuando quisiera elegirlo yo.

 

Al día siguiente, totalmente decidido a cambiar mi modo de vida sedentaria por una vida más saludable y estéticamente más vistosa, me bajo del bus con una mochila y me planto en la entrada del gimnasio.

 

Me indican que el vestuario quedaba al fondo a la derecha a donde me dirigí. Al entrar el espacio que tenía aproximadamente un metro y medio por otro metro y medio (pequeñísimo) y que tenía sobre dos paredes una serie de casilleros metálicos para guardar la ropa, otra pared con un espejo grande y otra pared con un pasaje hacia una baño con una “taza” en el piso para hacer las necesidades básicas y 2 duchas abiertas una pegada a la otra.

 

En ese recinto un tipo cambiándose de ropa que no tenía nada que envidiarle a Schwarzennegger (excepto su altura, pues era más bajo). Apreté los hombros para poder entrar allí. El tipo amablemente se corrió un poco para que yo entrara y en una baldosa y media hice malabares para poder sacarme la ropa de la oficina y meterme la deportiva, hasta que el tipo al fin salió.

 

Guardé todo en los lockers y así salió la bolita de grasa enfundada en tela avión y elástica para arrancar. La veterana ya me esperaba en la bicicleta fija. Ahí recién comprendí que la señora desgarbada era mi profesora… lo que no me daba mucha confianza. Me dice “10 minutos para calentar o si querés quemar grasas mínimo 45 minutos…”  ¡¡¡Quedé de cara!!! ¿45 minutos mínimos para quemar grasas? La que me esperaba…

 

Arranqué por los 45 minutos… y mejor las hubiera quemado con kerosene porque no solo me distraje del reloj de la bicicleta e hice 1 hora (a lo último ya pedaleaba por inercia) sino que cuando bajé de la ergonométrica pedalée un par de veces más en el suelo. Caminaba como pisando huevo… con las piernas abiertas como si tuviera un caballo entre ellas… Chorreaba sudor por todos lados…

 

Estiré un poco porque no sentía las piernas, tomé la rutina que se dividía en 2 días. Los primeros ejercicios eran dorsales. Me senté en una especie de sillita con unos gomones a los costados sobre mis muslos. Agarré un manubrio grande sobre mi cabeza… busqué el cuadro de la bici para engancharlo pero no lo encontré. Mire abajo buscando los pedales pero tampoco los encontré.

 

Observé a la profe con cara de ¿Qué mierda hago?… entonces se acercó y me dijo: te sentás bien adelante, le ponés el peso que te parece que vas a aguantar, tomás la barra (lo que para mi era el manubrio) y tirás hacia abajo detrás de tu nuca.

 

Miraba a los costados y veía a los ursos metiendo 40, 60, 80, 100 kilos y yo no me iba a quedar atrás. La vergüenza pudo más y me hice el cancherito. Le metí 60 kilos de arranque… me morí… aún no sé como no me desgarré. En el primer tirón se me escapó un pedo… estaban todos distraídos y enseguida voltearon hacia donde yo estaba… así que traté de disimular… tosí para hacer creer que había sido eso… entre la música fuerte y el sonido de los aparatos a lo mejor pasaba desapercibido. Al principio no se avivaron hasta que el olor me delató… me puse colorado pero me hice el tonto mirando a todos lados como si hubiera sido otro… vi un tipo en un aparato al lado mío y lo miré de arriba a abajo como acusándolo con cara de ¿qué hiciste?.

 

Ya que había metido la pata con las pesas traté de seguir para que no dijeran “a mirá este se quiere hacer el crack y no aguanta”. Seguí con los 60 kilos como pude. Tenía que hacer 4 series de 10 ejercicios. Ya en el segundo parecía que las venas de la sien y el cuello estaban a punto de reventar. Estaba rojo mal y me salía agua de la frente como si me estuvieran exprimiendo. Sentía la mirada de mi profe que a un costado me observaba y controlaba que hiciera los ejercicios tal como me los había indicado. No sé como, pero los terminé.

 

Me tomé un mini-descanso que fue cortado por la voz de la profe que me indicaba: “ahora pectorales”“¿para qué?” – pensé – “si ya tengo más pecho que Pamela Anderson”.

Me hizo acostar en un banco y encima mío una barra… sin pesas… me dice “la barra sola pesa 15 kilos y después le vas poniendo peso hasta que aguantes. 4 series de 10”.

 

Levanté la barra y terminó sobre mi pecho aplastándolo literalmente… casi me asfixio… Después de la sorpresa del primer “impacto” y aunque sufrí, hice 1 serie de 10.

 

Se acerca nuevamente la profe y me dice, vamos a poner unas pesas porque me parece que es poco para tu complexión. Yo rezaba porque agregara solo 1 kilo de cada lado.

 

Pero Dios no estaba en ese infierno y me había mandado a la veterana para castigarme.

 

Vino con 2 discos tan grandes que parecían platillos voladores. Miré de reojo y vi que uno tenía escrito 10 k.

 

Mentalmente hice una pequeña operación matemática:

 

10 kilos x 2 discos = 20 kilos + barra de 15 kilos = 35 kilos = Unidad Coronaria Móvil.

 

Terminé justo cuando estaba a punto de sufrir un infarto.

 

Me tomé un descanso de 5 minutos mientras la profe se iba por una puertita hacia otro recinto donde las chicas tenían sus propios aparatos.

 

Me acomodé en el siguiente aparato. Me tocaba hacer biceps con mancuernas. En ese momento que yo miraba cuales eran las mancuernas más chicas (las de 1 kilo de cada lado), vuelve la profe y me señala las de 4 kilos de cada lado y me dice “arrancá con esas”… si, ya estaba a punto de arrancar… para mi casa. En ese instante sale también del recinto una minita. De unos 25 años y se metió en un aparato al frente de mí. Metió unos cuantos kilos en cada lado de un aparato raro, recostó su anatomía en una especie de camita, y apoyó los pies hacia arriba, lo destrancó y se dispuso a hacer los ejercicios.

 

Me miraba y yo también a ella… bueno, más bien su figura.

 

Ahora estaba jugado. Debía aguantar los ejercicios o quedar pegado para siempre y perder toda posibilidad de “avanzar”.

 

Empecé a subir un brazo y después el otro. Sentía los tirones de los músculos atrofiados de mi brazo que no entendían nada. Temblaban de miedo. Metí una sonrisa y hacía terrible esfuerzo para que no se notara en mi cara el dolor aunque sentía la sangre correr por la vena que atravesaba mi sien y bajaba por la yugular como si me estuviera tragando un caballo.

 

Mi profe se fue por un momento y la chica se distrajo cambiando las pesas. Así que, ví el momento justo para meter una pequeña mentirita piadosa… con voz de esfuerzo hice un último movimiento de brazos y dije en voz alta: “cuaareeentaaaaaaaa…” claro que no había hecho ni 10 pero quedé como un rey con la minita que me miró como impresionada.

 

La chica ya había pasado a hacer ejercicios con una barra acostada. Le vi la cara de esfuerzo que ponía al hacer sus ejercicios y le lancé la estocada: “te estás matando con tanto peso ¿no?” (frase boluda si las hay)…  y ante mi sorpresa me contesta: “uff, si la verdad que es mucho peso, ¿te animás a ayudarme por si no puedo?”“Si, claro” contesté sin dudar. Solo pedía a Dios que no me traicionara y que no apareciera la profe o algún otro avivado jetón musculoso que intentara quitarme ese momento de gloria.

 

Me puse a su cabecera. Vi su cuerpo completo aunque de cabeza… observé los músculos trabajados de sus piernas… sus calzas ajustadas que dejaba entrever su redondeada cadera… el ombligo apenas visible en su plano abdomen y los voluptuosos pechos que me miraban fijamente… bueno también era bonita de cara y con larga cabellera rubia (que no digan que solo me fijo en lo físico).

 

Ella se dio cuenta que la observaba, sonrió y esperó a que yo terminara mi radiografía. Mire a los costados vi que habían más o menos unos 30 kilos de cada lado. Pensé “ésta es terrible guerrera, me agarra toda una noche y me destroza”

 

Ella tomó la barra e hizo fuerza de un tirón para quitarla de su seguro, yo con los brazos en jarra tomaba la barra de abajo para que no le cayera encima… sin hacer mucho esfuerzo. En la primer bajada vi que no podía… hacía mucho esfuerzo así que tenía que actuar… pegué un tirón para ayudarla a levantar pero la barra ni se movió… pegué otro tirón y sentí un sonido fuerte en mi hombro derecho… el brazo quedó tontuelo colgado hacia abajo… ¡mierda, que dolor!.

 

Se me había salido el hombro de lugar… la barra cayó sobre el pecho de la mina que gritaba como desesperada… mi mano izquierda quedó atrapada entre sus tetas y la barra… no me podía pasar nada peor. Una mano atrapada en unas tetas que encima no podía disfrutar y la otra colgaba como muerta. Me dolía todo. La mina seguía gritando y ya estaba medio violeta… se estaba asfixiando.

 

En ese mismo momento, llega la profe corriendo al escuchar los gritos y se acercaron un par más que estaban en la vuelta… y para colmo aparece uno gigante enorme gritando “¿Qué pasa mi amor?”… Zas!!! el novio, lo único que me faltaba… miró mi mano sobre su teta… y la situación de “aplastamiento” de su chica y me miró con un odio como para matarme. Igual se aguantó para no quedar como un desubicado delante del resto… por atrás, un par que miraba todo de lejos se cagaba de risa…

 

La profe y el grandote se llevaron a la chica al vestuario de damas… yo quedé ahí parado con el brazo colgando… al rato vino la veterana y me dice que la chica está bien que fue más el susto que otra cosa que iba a descansar un ratito y se iba… me llevó al vestuario masculino y me dice: “ahora tenemos que acomodar ese brazo”“¿cómo que acomodarlo?” pregunté asustado… “… y si, hay que volverlo a su lugar” –me dijo-. “No, pero déjelo así que se va a acomodar solito”-respondí-… “no no, hay que arreglarlo” –me contestó.

 

Agarró mi brazo y pegó un tirón… grité mal… la putée de arriba abajo… hasta se puso colorada de mis ordinarieces… al cabo de unos minutos yo también me puse colorado. Descansé un minuto y llegó el momento de irme… Tomé mis cosas y salí del vestuario…

 

Fuera del vestuario estaban a un costado el grandote con cara de odio mal abrazando a la rubia que me miraba con despecho mientras se agarraba una teta.

 

Más adelante, los tipos que estaban en el gym aguantando la risa con mucho esfuerzo… pasé rapidito cabizbajo… y en la puerta estaba la veterana que me decía para tranquilizarme: “quedáte tranquilo que no fue culpa tuya… fue un desliz… si te duele mucho tomate unas aspirinas… mañana espero verte de nuevo…”. “Hasta mañana”,  respondí pero por dentro pensaba “¡minga mañana!”.

 

Me fui con la mano izquierda hinchada, mis dedos parecían morcillas, debajo de las uñas me estaban quedando negros los dedos del hematoma; el hombro me dolía muchísimo y no lo podía mover… se me había hinchado un poco y parecía el jorobado de Notredame; las piernas las tenía supercansadas y caminaba con dificultad, le pedía permiso a un pié para levantar el otro; los brazos me temblaban a la altura de los biceps y sudaba como si estuviera en un sauna.

 

Al otro día, no me podía levantar… los brazos no los podía mover más que tenerlos en 90 grados… ni estirarlos… ni doblarlos del todo… en las piernas, a cada rato, me daban calambres y me tiraba al piso de dolor… la mano izquierda era como una bola amarillenta putrefacta enorme y ya no tenía cuello… el hombro se había hinchado tanto que ya había tomado su lugar.

 

Pero, lo que más me dolía fue haber perdido la batalla con la rubia… quedé más pegado que Corega en los postizos de la profe.

 

Así pasó mi primer día de entrenamiento… y el último…

 

 

——————————————–

YO ESPERABA QUE PASARA ESTO EN EL GIMNASIO:

 

 

Comentarios
  1. sana dice:

    me he matado de la risa con tu primer día en el gym jajjaja, muy buena tu descripción.

  2. estefania dice:

    jajajaja me dolio es estomago de tanto que rei y hasta se me salieron lagrimas, buena cronica.

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